Oct 25
2012

Gracias a la invitación que Grafitat hiciera via redes sociales, tuvimos junto a un colega la oportunidad de asistir a la conferencia Diseño y Felicidad de Stefan Sagmeister, que se realizó en el auditorio del Colegio de Ingenieros Civiles de Pichincha. Allí tuvimos la oportunidad de conocer al personaje que se anunciaba en el material publicitario del evento como "el mejor diseñador gráfico del mundo", y tras algunos minutos de conferencia nos dimos cuenta que ese título le quedó corto. 

Se trata no solamente de un Diseñador Gráfico reconocido mundialmente, si no de un artista visual y director de arte en toda la extensión del término. Poseedor de un estilo marcado por su extravagancia y singularidad, tal como lo delatan sus obras en el mundo de la música donde ha diseñado varias portadas de álbumes de famosas bandas, y por las cuales ha sido  nominado 5 veces al Grammy, y ganador del mismo con el set-box de Talking Heads.

Pero más allá de su trabajo el cual todos podemos conocer con solo buscar en la red su nombre, algo que nos impactó realmente es su concepción de la felicidad como ingrediente imprescindible de la vida, y asunto de esencial interés en su trabajo. Su exposición "The Happy Show" y película "The Happy Film" son material de indiscutible valor no solo para un diseñador gráfico, si no para todo creativo.

De alcanzar el éxito como Director de Arte en importantes agencias, a tener su propio estudio Sagmeister & Walsh junto a la también muy conocida Jessica Walsh, a escoger con qué clientes trabajar y con cuales no, y hasta a poderse permitir un año sabático cada siete años de trabajo, hay un camino repleto de interesantísimas propuestas conceptuales y visuales que se valoran por el ojo de los más expertos, pero que pueden ser disfrutadas por cualquier persona que entienda un poco de arte.

Lo intrincado y a la vez crudo en el sentido visual del trabajo de Sagmeister nos transporta a un universo donde aparentemente no existen reglas estrictas sobre la proporción, forma, color ni composición, pero que resulta tan estéticamente sólido que no permite crítica alguna, si no admiración absoluta, pero a la vez un profundo sentido de agradecimiento, porque con cada pieza nos comparte y nos hace partícipes de su propia felicidad.